10 Recomendaciones para disfrutar comiendo y sin engordar

Consejos para disfrutar las comidas copiosas sin aumentar en exceso el riesgo de ganar peso.

La alimentación es una de las bases para conseguir una buena salud, no solo a nivel físico, sino psicológico o emocional, ya que gracias a ellas podemos evitar e incluso reducir la manifestación de algunas enfermedades como la diabetes, el colesterol o enfermedades cardíacas. 

Mantener una buena alimentación es cuestión de las creencias que tengamos sobre el tema, las que nos han influido durante la infancia y las que a medida que crecemos se van interiorizando. Y es que no es lo mismo haber crecido en un hogar donde era costumbre comer alimentos malsanos y llenos de grasas y azúcares añadidos, que en otro donde se primaba el consumo de frutas y verduras frescas, convirtiéndose de hecho en una de las bases de cada comida diaria.

Eso sí, es importante saber qué entendemos por buena alimentación, que creemos y qué deberíamos revisar sobre la misma para hacerlo de la mejor manera posible, y así disfrutar diariamente. Comparar el pasado de nuestros parientes es inviable ya que las condiciones externas eran totalmente diferentes, y es recomendable revisar nuestra historia y nuestro conocimiento sobre el tema para así poder llevar una óptima alimentación y sobretodo ser un ejemplo para las generaciones futuras.

Consejos útiles para cuidar nuestra alimentación

Nombraremos a continuación una serie de recomendaciones o adaptaciones que sería ideal  adaptar a nuestra vida, pues quizá es la hora de reconfigurar nuestra manera y forma de ver la alimentación, desde un punto de vista de disfrute y sin miedo a engordar.

1. Elimina el concepto de dieta

Es importante que la palabra dieta desaparezca de tu día a día, pues si cada día que nos levantamos nos proponemos hacer algún tipo de régimen alimentario estaremos imponiéndolos algo a lo que seguramente no estemos tan preparados. Y lo que es aún mejor: empezaremos mal, desde el principio. 

Como diría Julio Basulto, no es cuestión de hacer dieta, sino de revisar nuestra alimentación y dejar de comer peor, pues debemos encontrar la manera de no sentirnos castigados por restringir alimentos, sino de comer todos aquellos alimentos que sí son sanos, cargados de nutrientes y que nos benefician día a día, para así disfrutar de la comida sin sentirnos mal. 

La clave, por ejemplo, está en reducir al máximo cualquier alimento con un exceso de grasas, así como en azúcares añadidos. Y la variedad es muy abundante: desde galletas hasta bollería, pasando por pizzas, hamburguesas y toda una amplia variedad de productos ultraprocesados que lejos de proporcionar nutrientes esenciales para el organismo, lo único que brindan son calorías vacías. En resumidas cuentas, ayuda a convertirte en una mejor versión de ti.

2. Cuida los horarios sin obsesiones

¿Cuántas veces comemos porque es la hora de almorzar, o cenar? ¿Cuántas veces salta el piloto automático de la hora de la comida y lo hacemos sin ganas?. 

Por supuesto, esta manera de alimentarnos dista mucho de un disfrute correcto y equilibrado, ya que estamos realizando una determinada acción casi de manera autómata, sin importar las consecuencias de ello. 

En realidad lo que debemos hacer es comer cuando tengamos verdaderamente hambre. Es decir, no aquella pautada por un reloj, sino porque el cuerpo necesita reponer combustible para seguir el día.

Eso sí, debemos tener en cuenta otro aspecto fundamental: es esencial, al menos, intentar mantener unos mismos horarios, para intentar comer las mismas horas cada día. Al igual que es importantísimo reservar cada día al menos 30-40 minutos en cada comida, lo que comprende evidentemente el momento de sentarnos a la mesa y disfrutar, con pausa y relajadamente de cada uno de los bocados.

3. Comer despacio y sin prisas

La digestión comienza con las enzimas que se generan en la boca nada más entrar un alimento en ella, y si comemos rápidamente y sin control (de forma excesiva y copiosa), probablemente nuestra digestión se convierta en un caos. Esto significa que las probabilidades a que surjan molestias digestivas relacionadas, como digestiones pesadas, flatulencias y episodios de dolor es bastante elevada.

De hecho, son solo algunas de las molestias que puede causarte comer a un ritmo acelerado. Mientras que también existe otro desconocido por parte de muchas personas: comer rápidamente hace que nuestro sistema digestivo no tenga el tiempo suficiente para indicarle a nuestro cerebro que ya nos hemos saciado, por lo que seguiremos comiendo sin control, de manera abundante y copiosa.

Por ello es preciso degustar cada bocado que nos echamos a la boca. Es importante masticar varias veces antes de tragar para que el alimento pase totalmente triturado al estómago.

En definitiva, la boca debería hacer la mayor parte del trabajo y masticar forma parte también de un ejercicio de relajación.

4. Controla tu límite conectando con tus sensaciones

Cuando sepas controlar la velocidad con la que comes, y el horario de cada comida sea marcado principalmente por las ganas de comer, y no por la hora en sí que marca el reloj, es fundamental saber también cuando se debería parar de comer. Es cierto que se trata de un consejo que ya hemos desarrollado de forma muy breve en el consejo anterior, debido principalmente a que ambos se encuentran ligeramente relacionados.

Es decir, comer relajadamente, masticando bien los alimentos, no solo nos ayudará a disfrutar más de las comidas, sino que será de utilidad a saber cuándo debemos parar porque ya nos encontramos saciados. 

Es imprescindible, por tanto, saber parar cuando ya nos hemos llenado, e incluso cuando sintamos que dos cucharas más provocaría quedarnos más llenos de lo normal. 

¿Cuántas veces hemos estado comiendo automáticamente sin conectar realmente con la sensación de llenura?. Comer más cantidad de la que realmente necesitas también acarrea malas digestiones.

5. Cuidado con las etiquetas

Estamos rodeados de un exceso información sobre la alimentación, a lo que se le unen anuncios de superalimentos, dietas varias que te ayudan adelgazar, comida superflua que ocupan pasillos enteros de supermercados, productos con 0% de calorías o azúcares… 

En definitiva, mucha mala información proveniente de la publicidad que solo harán que te perjudiquen sobre el concepto de buena alimentación, y te desvíen de tu reeducación alimentaria.

6. Disfruta cada vez que comas

Cada vez que comes en familia, cada vez que comes en el trabajo, cada vez que comes fuera de casa, o incluso cuando no te queda otra que comer de tupper, es imprescindible intentar que la alimentación se convierta en una experiencia única, placentera y especial. 

Solo tú puedes hacer que las comidas sean donde sean se hagan agradables y formen parte de un momento bonito y excepcional. No importa que comamos en la oficina algo que ya hayamos elaborado con antelación, si lo que estamos comiendo nos encanta, nos nutre, y sobre todo, lo ingerimos pausadamente, sin prisas. 

7. No te castigues

Es completamente normal que desees algún alimento que no sea del todo beneficioso. Es común sentirnos atraídos por algunos alimentos originalmente repletos de azúcares, como por ejemplo podría ser el caso de un par de galletas a la hora del café, un dulce relleno de chocolate…

Pero eso no significa que tengamos que castigarnos y eliminarlo definitivamente de nuestra vida, siempre y cuando no se convierta en un hábito regular, dado que nuestra salud sí que podría resentirse. Al contrario, es muchísimo más adecuado intentar, al menos, comerlo de forma muy puntual, cuando hace tiempo que no lo hemos consumido.

Es conveniente aceptar que no somos perfectos, y que modificar nuestra alimentación de la noche a la mañana puede acabar siendo no muy sencillo es fundamental, especialmente para no sentirnos culpables si, en algún momento dado, sucumbimos a esos alimentos que deberíamos originalmente eliminar por completo.

8. Sé consciente de lo que te sienta bien 

Después de introducir las recomendaciones anteriores, en cuanto a evitar la rapidez por comer, dejar de regirse por un horario y no llenarnos demasiado, es imprescindible tener en cuenta otra pauta básica: no todos los alimentos tienen por qué sentirnos bien, aún cuando estén repletos de nutrientes y sean saludables. 

Puede ocurrir que tengamos algún tipo de intolerancia a ese determinado alimento, o que simplemente nuestro estómago no lo admita tan bien como en realidad bos gustaría. 

Es buen momento para aprender a entender qué alimentos sí nos generan bienestar y cuáles no. Cada organismo es un mundo y solo nosotros seremos capaces de clasificar y reconocer cómo deberíamos comer, qué y cuánta cantidad.

9. Come comida y no sentimientos

En muchas ocasiones es común sentirnos agotados emocionalmente. La ansiedad, el estrés, la angustia, las tensiones nerviosas… pueden hacer que tendamos no solo a comer en exceso, sino que en la mayoría de las situaciones lo más habitual es elegir alimentos repletos de calorías vacías e hidratos de carbono simples. 

Esto quiere decir que muchas veces cuando nos encontramos en un mal día, ya sea por cuestiones ajenas a nosotros, incluso cuando surgen sentimientos como culpabilidad, el enfado o la tristeza, tendemos a comer emocionalmente. Es lo que los expertos denominan como comida emocional, y ocurre cuando acudimos a determinados alimentos como solución. 

Si realmente queremos disfrutar de la comida cuando toca y no engordar, es imprescindible comprender que nos está pasando, aceptar lo que está pasando y encontrar la mejor solución, y no cayendo en el error de pensar que la comida nos ayudaría a que esos problemas desparezcan. Es conveniente incluso ser conscientes de descubrir en qué momentos tendemos a comer emocionalmente, sin tener hambre o apetito. Nos ayudará a descubrir qué nos ocurre y a identificar nuestros propios sentimientos y emociones.

10. Ejercicio físico si o sí

Cómo no, el ejercicio es uno de los pilares fundamentales de la buena alimentación, ya que se ha demostrado que mantenerse en forma diariamente puede animarnos incluso a comer más saludable y nutritivamente. Algunos estudios han encontrado que quienes se alimentan  de forma sana suelen a su vez mantenerse más activos físicamente, por lo que es un beneficio que se retroalimenta.

Eso sí, no es necesario acudir a un gimnasio para practicar ejercicio físico. Cada vez son más las personas que se apuntan, por ejemplo, al ejercicio físico practicado en casa, o que simplemente optan por elegir deportes sencillos y hacerlo en el parque. 

Antes o después, podemos organizar el día a nuestro ritmo, dependiendo de nuestro estilo de vida y de todas las cosas que tengamos que hacer a lo largo de la jornada, pero es esencial reservar un momento para mantener una actividad física regular y diaria, y ser conscientes de que disfrutaremos de una mejor salud optando exclusivamente por alimentos nutritivos y saludables.

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