La andropenia, tan frecuente como desconocida por el varón

La andropenia es conocida por menos del 30% de los hombres, según una encuesta.
La andropenia se asocia a un descenso en los niveles de testosterona.

Más de la mitad de la población masculina española de entre 45 y 75 años tiene al menos dos síntomas que indican andropenia, pero sólo una cuarta parte de ellos ha acudido alguna vez al especialista por esta enfermedad, según desvela una encuesta sobre salud del hombre. 

La I Encuesta Nacional sobre Salud del Hombre y Andropenia, realizada por el Grupo de Estudio de Salud del Hombre (GESH), revela que hay un gran desconocimiento sobre este síndrome y sólo el 29,8 por ciento de los hombres han oído alguna vez hablar de él, "aunque la mayoría lo identifican con alteraciones en las funciones sexuales", apunta Ignacio Moncada, jefe de la Unidad de Andrología del Servicio de Urología del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, y presidente de la Asociación Española de Salud Sexual.

De acuerdo con los criterios ADAM (Androgen Decline in the Aging Male) sobre declive androgénico en los hombres, elaborados por la Universidad de San Luis, tienen andropenia aquellos pacientes que presentan uno de estos dos síntomas: disminución de la libido, así como ausencia de placer en el sexo y problemas de erección.

También la padecen los que presentan más de tres de los siguientes síntomas: sudoración excesiva o sofocos, pérdida de fuerza muscular, disminución del crecimiento de la barba, de las erecciones matinales y ánimo depresivo o irritable.

Niveles

"Pero lo que debe determinar la instauración de un tratamiento hormonal en el hombre son los bajos niveles de testosterona", ha indicado José María Pomerol, del Servicio de Andrología de la Fundación Puigvert y coordinador del Centro Internacional de Medicina Avanzada, de Barcelona, y miembro del grupo GESH.

Existen muchas pruebas de laboratorio para determinar a partir de qué niveles tratar a estos pacientes; sin embargo, Pomerol admite que deberían regularizarse. Actualmente se está tomando como referencia dos rangos por debajo de los niveles que consideran normales los distintos laboratorios. Se mide la testosterona libre, que es la que decrece a partir de los 60 años.

Tal y como indica el estudio del GESH, tres cuartas partes de los varones considera que el síndrome puede ser tratado, aunque este porcentaje se invierte cuando alude a los que han consultado al especialista. Además, sólo el 1 por ciento han seguido algún tipo de tratamiento con testosterona.

A pesar de su escasa implantación, "existen tres grandes contraindicaciones por las que no se puede administrar testosterona: las enfermedades cardiacas, el cáncer de mama y el tumor de próstata", ha explicado José María Pomerol.

En este sentido, ha añadido que la próstata es uno de los órganos más testosteronodependientes del hombre y que diversos estudios científicos han demostrado que la administración de la hormona puede acelerar un proceso de cáncer prostático inicial.

Control anual

El especialista se ha mostrado partidario de que, al igual que las mujeres, "el hombre, a partir de los 50 años se haga una analítica general para detectar los factores de riesgo cardiocirculatorio, así como un análisis de PSA y un tacto rectal, para detectar el cáncer de próstata, que es el tumor de mayor incidencia en estos años. El hombre con problemas en la esfera sexual también debe acudir al médico".

A pesar de esta analogía con las mujeres, Moncada puntualiza que "estamos utilizando el término andropausia de forma inexacta haciendo un paralelismo con la menopausia femenina, cuando deberíamos emplear la palabra andropenia, ya que no hay una parada en seco de la segregación de la testosterona, sino un descenso paulatino de los niveles de esta hormona".

Por otra parte, Pomerol ha destacado que los beneficios de la administración de testosterona se pueden apreciar entre los tres y seis meses siguientes al inicio del tratamiento. Distintos trabajos científicos han demostrado que es posible reducir la aparición de osteoporosis, que afecta a los hombres con andropenia al igual que a las mujeres menopáusicas, y la pérdida de memoria, entre otros trastornos.

En cuanto a la administración, la aplicación en hielo consigue los mejores resultados, al ser la opción más fisiológica, porque reproduce el pico o nivel más alto de testosterona en las primeras horas del día, al igual que lo haría el organismo.

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