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Infección urinaria

Cualquier anormalidad que provoque una obstrucción del flujo de orina puede inducir a una infección urinaria.
Infección urinaria 

 

La incontinencia urinaria (IU) consiste en la pérdida involuntaria de orina. El afectado tiene una necesidad imperiosa y repentina de orinar pero es incapaz de retener la orina. Los escapes pueden producirse al estornudar, reír, realizar algún esfuerzo o ejercicio físico. Supone un problema higiénico, social y psíquico, ya que influye en la actividad cotidiana del enfermo y reduce su calidad de vida. La incontinencia no es una enfermedad en sí misma, sino la consecuencia de una alteración en la fase de llenado vesical que se presenta en numerosas enfermedades. Puede manifestarse a cualquier edad y en ambos sexos. Sin embargo, es más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Personas que la padecen

Cualquier anormalidad que provoque una obstrucción del flujo de orina (piedras en el riñón, estructuras anómalas...) puede inducir a una infección urinaria. Una próstata dilatada también puede frenar el flujo de orina, por lo que incrementa el riesgo de infección.

Las personas sometidas a exámenes mediante tubos o catéteres o que necesitan sondas pueden desarrollar más fácilmente infecciones procedentes de dichos instrumentos.

Los mayores se ven afectados por este tipo de infecciones con mayor frecuencia, así como las que sufren una disminución del sistema nervioso, que les impide controlar la vejiga a voluntad.

Por otra parte, cualquier desorden que produzca una supresión en el sistema inmune incrementa el riesgo de sufrir una infección urinaria, ya que este sistema es el encargado de mantener a raya los microorganismos patógenos responsables de las infecciones.

También se dan en bebés nacidos con alguna deformación del tracto urinario, que a menudo han de ser corregidos mediante cirugía.

Síntomas

  • Necesidad urgente y frecuente de orinar.
  • Picazón o quemazón en la uretra al orinar.
  • Enrojecimiento de la vulva y picor vaginal (en las mujeres).
  • Dolor al orinar y en las relaciones sexuales.
  • Color turbio, lechoso (espeso) o anormal de la orina.
  • Aparición de sangre en la orina.
  • Fiebre y escalofríos (la fiebre puede significar que la infección ha alcanzado los riñones).
  • Vómitos y náuseas.
  • Dolor en el costado o espalda (indica infección en los riñones).
  • A menudo, las mujeres sienten una ligera presión por encima del hueso púbico y muchos hombres sienten una dilatación del recto.
  • Estar más irritable de lo normal.

Los síntomas infantiles, por su parte, pueden confundirse con otros trastornos; además, se encuentran ante la dificultad de no saber expresar qué les pasa. No obstante, si un niño presenta una infección urinaria puede manifestar los siguientes indicios:

  • Estar más irritable de lo normal.
  • No comer como lo hace normalmente.
  • Tener fiebre sin motivo aparente que además no acaba de desaparecer.
  • No poder aguantarse la orina.
  • Sufrir alteraciones en su desarrollo.

Diagnóstico

Las pruebas y análisis que tendrán que realizarse al paciente dependerán de la zona donde se presume que radica la infección y de los síntomas que éste padezca. Algunas de las pruebas más generales son las siguientes:

  • Examen físico: El médico palpa la zona abdominal y pélvica del paciente para detectar los lugares con dolor o con enrojecimiento.
  • Análisis de orina: Con una muestra de orina del paciente se examina si ésta contiene algún agente infeccioso (germen nocivo).
  • Cultivos de orina, líquido vaginal o líquido uretral: Se siembra una gota de algunos de estos líquidos en una placa con nutrientes para bacterias y, después de transcurridas varias horas para que éstas crezcan, se determina qué tipo de bacteria es la causante de la infección y qué antibióticos pueden resultar efectivos (antibiograma).
  • Citoscopia: Consiste en introducir por la uretra un tubo provisto de lentes y luz para observar directamente el estado de la uretra y la vejiga urinaria.
  • Ecografía abdominal: Es un estudio indoloro del abdomen que se realiza mediante ultrasonidos que forman una imagen en un monitor.
  • Urografía: Es una radiografía del riñón, para la cual hay que inyectar previamente una sustancia que creará un contraste y el riñón podrá ser observado con facilidad.

Tratamiento

Las infecciones del aparato urinario se tratan con antibióticos, si están causadas por bacterias, o con antivirales (como el aciclovir) si están causadas por virus. Para administrar eficazmente uno y otro tipo de fármaco, el médico especialista tiene la posibilidad de realizar una prueba de sensibilidad o antibiograma, que le ayuda a elegir el más efectivo contra el tipo de microorganismo que está produciendo la infección.

Los antibióticos más usados son el trimetoprim, la amoxicilina y la ampicilina. También una clase de fármacos llamados quinolonas han sido aprobados en los últimos años para el tratamiento de las infecciones del tracto urinario, como son la ofloxacina, ciprofloxacina y trovafloxina.

Antes de iniciarse el tratamiento con antibióticos, el médico determina si el paciente padece algún trastorno que pueda agravar la infección, como una alteración de la actividad nerviosa, una diabetes o una disminución de las defensas del organismo que pueda reducir la capacidad de éste último de combatir la infección.

En pacientes que sufren infecciones por Chlamydia o Micoplasma se hace necesario un tratamiento más largo con tetraciclina o una combinación de trimetoprim y sulfametoxazol. Un análisis posterior ayuda a confirmar que el tracto urinario está libre de gérmenes. Los pacientes con infecciones de riñón graves tienen que ser hospitalizados hasta que puedan tomar fluidos y fármacos por su cuenta.

Los médicos opinan que beber grandes cantidades de agua ayuda a limpiar el tracto urinario de bacterias y que es mejor dejar de fumar (el tabaco es el principal causante del cáncer de vejiga) y de tomar café, alcohol y comidas con especias mientras la infección se mantenga.

Si la infección se debe a una obstrucción física de la orina (a una piedra, por ejemplo), puede ser necesaria la cirugía para eliminar aquello que produce la obstrucción o corregir una posible anomalía física como podrían ser una útero y una vejiga caídos.

La litotricia extracorpórea puede desintegrar la piedra mediante ondas de choque producidas mediante un aparato llamado litotritor. También puede eliminarse una piedra del riñón mediante la nefrolitotomía percutánea, que consiste en una pequeña incisión en la espalda para crear un túnel directo al riñón por donde se introduce un instrumento llamado nefroscopio, que sirve para localizar y extraer el cálculo.

Para aliviar los síntomas que producen las infecciones del tracto urinario (urgencia urinaria, dolor al orinar, espasmos...) se utilizan diferentes tipos de fármacos como la atropina y la fenazopiridina.

Prevención

Como primera medida preventiva, es aconsejable beber una gran cantidad de líquidos. En muchos casos de infección urinaria se puede prescindir de tratamiento antibiótico sólo con tomar esta precaución.

Las infecciones de transmisión sexual son fácilmente evitables; el uso de preservativos suele ser suficiente para impedirlas.

Por su parte, la vacuna contra la infección urinaria tiene un efecto estimulador de la producción de anticuerpos, que se acumulan para defenderse de forma inmediata contra los microorganismos, en caso de que la infección llegara a producirse.

En el caso de los hombres, una correcta y diaria higiene corporal es una medida importante para evitar las infecciones de vías urinarias.

Para las mujeres, los sprays higiénicos y desodorantes son normalmente innecesarios; a veces, incluso resultan perjudiciales. Si se utiliza un spray para la higiene vaginal, no hay que dirigirlo nunca hacia el interior de la vagina, ya que puede irritar el tejido vaginal. Si, de todos modos, la piel de la vulva comienza a enrojecerse o a irritarse, hay que dejar de usarlo porque puede deberse a una reacción alérgica a algún componente del producto.

La higiene de la zona genital ha de realizarse empleando agua y un jabón suave una vez al día, para prevenir, entre otras cosas, la aparición de infecciones urinarias. La vagina se limpia por sí misma: sus paredes producen un fluido que arrastra las células muertas y otros microorganismos al exterior.

Las duchas vaginales son generalmente poco aconsejables, porque arrastran el "tapón" de moco que protege la entrada del cuello del útero de microorganismos infecciosos. A pesar de esto, el médico a veces las recomienda. En ese caso, lo recomendable es mantener algo alejado el mango de la ducha para reducir la presión del chorro de entrada; de lo contrario, los organismos vaginales son arrastrados hacia el útero (matriz), donde podrían causar una infección.

Las bacterias y gérmenes que causan la infección vaginal tienden a desarrollarse en condiciones de calor y humedad. Por esta razón es recomendable utilizar bragas de algodón poco ajustadas (las de naylon provocan humedad y calor en el área genital).

Por último, la higiene anal ha de hacerse siempre hacia atrás para evitar contaminar la zona vaginal con bacterias procedentes del intestino.

Infección de orina en el embarazo

Los cambios que ocurren en la mujer por el embarazo a nivel del sistema urinario, favorecen el desarrollo de la infección urinaria, complicación que pone en riesgo a la madre y al feto porque se relaciona con la amenaza de parto prematuro y otros riesgos como una presión arterial alta.

La mujer embarazada debe efectuar en su primer control prenatal un examen general de orina obligatorio, para detectar de forma temprana cualquier dato de infección y dar tratamiento adecuado.

Infecciones urinarias de repetición

Cuando el cuadro de la infección persiste y se repite en varias ocasiones, el tratamiento para la mujer hay que abordarlo desde un triple enfoque:

  • El tratamiento adecuado del primer episodio es fundamental para evitar la repetición de la infección urinaria.
  • Hay que corregir las alteraciones anatómicas o funcionales capaces de perpetuar o favorecer la bacteriuria así como los hábitos higiénicos y dietéticos favorecedores de esta.
  • Plantear un tratamiento preventivo en función del número de episodios de infecciones urinarias de repetición.