Pus: qué es, causas y tratamiento de los abscesos

La pus es una sustancia que al acumularse en la piel puede formar un absceso doloroso.

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La pus es una materia que emana de los tejidos inflamados o de las heridas que se han infectado. Surge a su vez donde se ha producido una cavidad que se ha infectado, acumulándose posteriormente en esta zona.

Pero, ¿en qué consiste realmente y cuáles son las causas por las que aparece? ¿Existen algunos síntomas o señales que pueden alertar a quien lo padezca? Y sobre todo, ¿de qué manera debe limpiarse la herida y cómo se puede tratar?

¿Qué es la pus? ¿Y el absceso?

De acuerdo a la Clínica Universidad de Navarra, la pus “consiste en un exudado líquido cremoso, viscoso, de color amarillo claro o verdoso producido de una necrosis por licuefacción”.

Es decir, la pus es un líquido espeso de color amarillento o verdoso, el cual es segregado por tejido inflamado y/o infectado. Aparece sobre todo en las infecciones bacterianas, aunque el absceso que da pie a la formación posterior de la pus puede producirse también como consecuencia de virus, parásitos u objetos ingeridos.

La pus está compuesta por una acumulación de líquidos, tejido muerto, glóbulos blancos vivos y muertos, sustancias extrañas y también bacterias.

El absceso es la acumulación de pus, la cual se puede producir en prácticamente cualquier parte del cuerpo. Cuando la zona afectada es la piel (el sitio más habitual junto con los dientes), es común que la zona situada alrededor de éste se muestre inflamada e hinchada, con enrojecimiento y posible dolor.

Causas de la formación de pus y abscesos

Cuando un área de tejido se infecta nuestro sistema inmunitario trata de combatir la infección. Así, los glóbulos blancos, encargadas de defender a nuestro organismo de infecciones ayudando a eliminar desechos y residuos de los tejidos, se mueven a través de las paredes de los distintos vasos sanguíneos hasta alcanzar la zona afectada, acumulándose en el interior del tejido dañado.

Es durante este proceso cuando se forma la pus, ese líquido espeso con mal olor y color amarillento o verdoso.

Concretamente, los neutrófilos acuden a la zona afectada con el fin de evitar que los invasores (virus, parásitos o bacterias) puedan propagarse más allá del lugar donde nos hicimos la lesión. Cuando estas células comienzan a morir y se acumulan -junto con los “enemigos” invasores-, se produce la sustancia blanquecina denominada pus.

Si los neutrófilos convierten el peróxido de hidrógeno en un veneno tóxico capaz de matar a las bacterias, es común que el tono blanquecino amarillento de la pus se vuelva de color verde. Se trata de algo absolutamente normal, efectivo, y que debería tranquilizarnos, ya que es la señal de que nuestro sistema inmunitario está en acción.

La pus y los abscesos tienden a formarse en la piel. | .

Tratamiento y manejo

Cuando nos hemos realizado una herida o corte, independientemente de que sea superficial y apenas se note, es conveniente e importantísimo limpiarnos bien la herida, así como mantener todos los cortes y heridas no solo limpios, secos y cubiertos con la ayuda de un vendaje adecuado que nos permita protegerlos de los gérmenes.

A la hora de limpiarnos la herida, muchos enfermeros/as aconsejan el uso de agua y jabón, evitando usar otras sustancias que anteriormente sí se recomendaban, como es el caso del peróxido de hidrógeno (agua oxigenada).

En caso de que se haya producido la acumulación de pus en forma de absceso, es necesario aplicar compresas tibias sobre la zona afectada, durante algunos minutos varias veces al día. Esto ayudará a que el absceso se abra y drene bien.

No obstante, será el médico quien tras explorarlo decidirá si es necesario drenar el absceso o no. En tal caso se administra anestesia local y se lleva a cabo un corte pequeño que permita la salida de la pus. Luego es posible que se recete un tratamiento a base de antibióticos.

Si la herida no se ha empezado a curar en pocos días o vuelve a reactivarse de nuevo, es aconsejable llamar o acudir al médico para una nueva revisión. Puede ser posible que la herida o corte haya vuelto a infectarse, y sea necesario aplicar un nuevo drenaje y limpieza.

Eso sí, es fundamental mantener una buena higiene personal, lavándose las manos muy a menudo con agua y jabón, a la vez que mantener la zona afectada limpia, seca y cubierta. Es la mejor forma de prevenir infecciones.

Referencias bibliográficas:

  • Hobson DW, Schuh JC, Zurawski DV, Wang J, Arbabi S, McVean M, Funk KA. The First Cut Is the Deepest: The History and Development of Safe Treatments for Wound Healing and Tissue Repair. Int J Toxicol. 2016 Sep;35(5):491-8. doi: 10.1177/1091581816656804.

  • Kluwe W. [Wound management for cuts and lacerations]. Med Monatsschr Pharm. 2015 Feb;38(2):48-53; quiz 55-6.

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