Sordera: detectarla a tiempo mejora en gran medida el aprendizaje

Con una sencilla técnica de exploración se puede saber si un niño va a tener problemas de audición.
La detección precoz de la sordera en niños puede mejorar considerablemente su aprendizaje. 

 

Uno de cada 1.000 recién nacidos en España es sordo. Esta circunstancia puede detectarse al año de vida, cuando los padres se dan cuenta de que el niño no habla, o mucho antes, en el momento de nacer, cuando con una sencilla técnica de exploración se puede tener una sospecha bastante clara sobre si un pequeño va a tener problemas de audición, en cuyo caso se ganarían unos meses de aprendizaje muy valiosos. 

 

“La sordera es una enfermedad bumerán, si no la descubres a los tres meses lo vas a hacer a los dos años”, explica Germán Trinidad Ramos, otorrinolaringólogo del Complejo Hospitalario Infanta Cristina, de Badajoz. “El problema de la sordera es de comunicación. En el mundo en que vivimos se emiten sonidos que se decodifican en un lenguaje. El niño sordo al que no se le trata adecuadamente tendrá un problema de comunicación”.

 

Si los pequeños no entran en un programa de detección precoz lo antes posible, no será diagnosticado por los médicos, sino por los padres y mucho más tarde, cuando se observan en el niño dificultades en el habla. “En ese momento ya se ha producido la primera secuela de la falta de audición, que es la ausencia de lenguaje y ya no se puede evitar que el pequeño sufra retrasos porque se ha llegado tarde en el diagnóstico”, indica el experto.

 

Para evitar que esto suceda, desde el año 1995, en el Servicio de Otorrinolaringología del Complejo Hospitalario Infanta Cristina, se lleva a cabo un programa de detección precoz de hipoacusia que ya lleva analizados a 25.000 niños y se ha extendido por toda Extremadura, con más de 50.000 pequeños atendidos.

Signos de alarma de una posible sordera en niños.

Resultados fiables

El programa tiene dos fases: la primera es la prueba de otoomisiones, que consiste en una sonda con micrófono en miniatura y un altavoz que se introducen en el oído del recién nacido. El dispositivo emite un sonido y el oído que funciona responde con un eco que es detectado por el micrófono. Si no pasan la prueba se someten a otros medios de diagnóstico. “En Extremadura sólo el 1,5 por ciento de los niños pasan a esta segunda fase, lo que refleja la exactitud y el buen cribado de la prueba, ya que la media de sordera en la población general es del 1 por ciento”.

 

En la fase de diagnóstico, se obtiene una información más detallada sobre la sordera que sufre el pequeño, algo de vital importancia ya que cuanta más información se tenga de la causa de la sordera, más fácil y ajustado será el tratamiento de los niños que lo necesiten. “A los pequeños que padecen una sordera importante se les equipa con prótesis auditivas y a partir del quinto mes o antes se les estimula con sonidos y son tratados por logopedas”.

Niños con más riesgo

El niño diagnosticado adecuadamente llega a párvulos con un lenguaje oral estructurado y se integra en el colegio, tal vez con el apoyo de un profesor de ayuda y de su logopeda, pero no necesita asistir a un colegio específico. "Existen algunos casos en que la sordera aparece más frecuentemente: antecedentes familiares, malformaciones de cabeza y cuello, si han padecido meningitis, si la madre ha sufrido enfermedades víricas durante el embarazo o falta de oxígeno en el parto. Estos niños son de riesgo y hay que controlarles mucho más, ya que la mayoría de los sordos profundos están en este grupo".

 

El equipo de Trinidad ha ganado el Premio Fiapas-Obra Social de Caja Madrid de investigación en deficiencias auditivas por su proyecto de encuesta audiológica en la que no sólo se analiza si los pequeños menores de seis meses oyen, sino que además se aprecia lo que el niño comprende. “Se pide a la madre que llame al niño y se comprueba si la mira o no. El bebé a los cinco meses va a poder obedecer órdenes simples y a los seis, al ser llamado por la madre, va a girar la cabeza", explica Trinidad, que continúa las pruebas cada seis meses: “Al año tiene que saber decir cinco palabras, y al año y medio debe poder señalarse partes del cuerpo por sí mismo”.

 

  

 

 

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