¿Adicto al trabajo? Yo, nunca

La adicción al trabajo no cuenta con ningún modelo teórico explicativo, como es el caso de las adicciones a drogas.
El perfil del adicto al trabajo es variado pero se asocia en especial a determinadas profesiones.

Es frecuente encontrar en el trabajo a un individuo enfrascado de lleno en sus tareas y que no se permite ni un solo segundo de descanso. No reconocerá nunca que es una adicto al trabajo puesto que esta adicción se encuentra catalogada entre las enfermedades del no. Sin embargo si se mantiene durante mucho tiempo, y llega hasta una fase muy avanzada, este problema puede acarrear consecuencias muy negativas en la salud del adicto e, incluso, provocar trastornos mentales y problemas cardiovasculares.

Al contrario que en otras adicciones, que están perfectamente descritas y que cuentan con un modelo bioquímico que induce a esa adicción –por ejemplo, un drogadicto necesita biológicamente su dosis diaria- en la del trabajo no se encuentra descrito ningún modelo. Esto implica que sea muy difícil hablar de ella en términos de dependencia.

Sin embargo, “la adicción al trabajo es más pura que cualquier otra”, según el doctor Juan José Díaz Franco, presidente de la Comisión Nacional de Medicina de Trabajo. Surge de una necesidad absoluta de estar metido por completo en la tarea que desempeña el individuo. Así, si se tiene que buscar la causa que induce a tal adicción hay que encontrarla en el individuo en concreto no en cualquier agente exógeno.

Seguros e inseguros 

Precisamente porque no hay un modelo bioquímico descrito y puesto que tampoco existe un cuadro clínico que lo describa, es muy difícil definir concretamente el tipo de personalidades que son “carne de cañón” para padecer este problema.

De todos modos, la suelen padecer grandes trabajadores, individuos que tienen una buena relación con su trabajo. “Hay personas que llegan de vacaciones y ya están contando los días para las siguientes. Esas, indiscutiblemente, jamás llegarán a ser adictas al trabajo”, comenta el doctor Díaz. Pueden padecerla personas muy seguras de sí mismas, con un nivel de autoestima elevado, o incluso, individuos muy inseguros que necesiten de los halagos y la admiración que su dedicación exclusiva al trabajo les reportará.

“Más que de un perfil personal podemos hablar de profesiones de riesgo”, puntualiza el doctor Ignacio Mata, psiquiatra del Centro de Salud Mental Fundación Argibide, de Pamplona, en Navarra. La adicción al trabajo se suele asociar con profesiones liberales ya que las personas que las desempeñan suelen incluir en su tarea apuestas profesionales y personales muy altas. Así, la medicina, la abogacía, el periodismo o la política son trabajos que implican un margen de actuación muy amplio por lo que es más fácil padecer esta adicción.

Perfil del adicto al trabajo

Es muy fácil reconocer a un adicto al trabajo. Por ejemplo se pueden observar las siguientes variables:

  • Se dedica un tiempo excesivo e innecesario a su trabajo. 
  • No necesita más dinero.
  • No necesita más crédito personal del que tiene.
  • Tiene sus necesidades afectivas cubiertas.

De todos modos, hay que recordar que no existe un modelo bioquímico descrito ni un cuadro psiquiátrico, por lo que las características pueden variar de un individuo a otro. 

De la dedicación al rechazo

La evidencia habla por sí sola: si una persona está trabajando a todas horas y sin descanso, padece los trastornos típicos del estrés negativo como alteraciones emocionales, insomnio, irritabilidad y fatiga y niega que puede padecer un trastorno. “Nos encontramos con la evidencia de que este individuo sufre una adicción al trabajo”, según el doctor Díaz.

Además, se pueden observar otras variables: su dedicación es innecesaria porque realmente el trabajo que desempeña no lo requiere; no necesita más dinero ni crédito personal, y tiene cubiertas sus necesidades afectivas. “Entonces también podemos asegurar que se trata de un adicto”, valora el doctor Díaz.

Como en cualquier otra adicción, no están exentos los problemas, conyugales o relacionales, puesto que la pareja de un adicto al trabajo nunca entenderá que su compañero se dedique exclusivamente a ello. Al principio aparecerán los típicos reproches, pero si la dedicación total e innecesaria al trabajo no remite pueden aparecer otros problemas como las separaciones o el aislamiento social.

“No soy un adicto”

De todos modos, la negación de cualquier adicto es tajante: “¡No, yo no tengo ningún problema!”. Si se pregunta a un alcohólico cuanto ha bebido a lo largo del día siempre afirmará que poco, vamos, lo normal. “Luego vas haciendo un cálculo de todo lo que ha consumido y al final resulta que se ha bebido tres litros de vino”, explica el doctor Díaz Franco.

La adicción al trabajo no es una excepción. Quien la padece no lo reconocerá hasta que esa dedicación exclusiva y absoluta revierta sobre la salud de su organismo. De hecho, son muchos los que acuden en busca de ayuda cuando su adicción ha llegado ya a una fase tal de asentamiento que empiezan a aparecer trastornos mentales, psicosomáticos, digestivos, úlceras o enfermedades cardiovasculares. Asimismo, debido a la fatiga que acarrea la dedicación absoluta, el rendimiento del trabajador puede disminuir.

Primero el reconocimiento, después la ayuda

El primer paso para que un adicto al trabajo pueda recibir la ayuda que precisa es que lo reconozca. Sin embargo, es muy difícil que esto ocurra porque estas personas con frecuencia están metidas en una dinámica de trabajo en la que no quieren ni les interesa explicar qué les ocurre.

Por otro lado, “puede que el individuo reconozca en algún momento que es un adicto pero no son conscientes de que necesitan ayuda”, advierte el doctor Ignacio Mata.

Respecto a las terapias, es difícil que un adicto se acerque a un centro de salud mental en busca de ayuda. Sin embargo, “en caso de iniciar un tratamiento probablemente no lo seguirá”, añade el doctor Mata. De todos modos, los que acuden para tratarse ya se encuentran en una fase muy avanzada y van al médico más bien para tratar algún problema derivado de esa adicción.

El tratamiento de un adicto consiste en modificar sus pautas de comportamiento e intentar llene su vida con algunas otras cosas que le gratifiquen. Asimismo, la combinación de psicofarmacos en los casos más graves con una terapia conductista será la opción más eficaz.

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