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Jet lag

Las bases fisiológicas del jet lag tienen que ver con los ritmos biológicos del organismo humano.
Jet lag

Viejo conocido de los viajeros que utilizan con asiduidad el avión y que atraviesan varios meridianos en sus vuelos, en el jet lag se reúnen todos los síntomas que resultan de la adaptación del organismo a un nuevo horario, siempre que se realice un viaje transmediterráneo -esencialmente a partir de una diferencia horaria de 3 horas-.

La expresión inglesa jet lag se ha trasladado al castellano corriente debido a la dificultad de sintetizar el llamado "síndrome de desincronización ligado a la diferencia de horario para los viajeros transmediterráneo aéreos". Pero, en ocasiones, no es necesario desplazarse para padecer los efectos más desagradables del síndrome del 'jet lag'. Algunas personas atadas por actividades que obligan a contactos telefónicos diarios con países extranjeros situados a varios husos horarios pueden sufrir una desadaptación en los ritmos de sueño-vigilia.

Las bases fisiológicas que explican el 'jet lag' se reducen a que hay un gran número de ritmos biológicos que están sujetos al ritmo circadiano. El síndrome de la diferencia horaria resulta de tres desórdenes que están entrelazados entre sí.

El primero es la desincronización externa, consistente en que las horas de las comidas, de actividad y del sueño se desplazan respecto a los puntos de referencias que eran habituales a la persona. Combinado con éste, se produce una desincronización interna. El cambio de horario obliga a una adaptación de los ritmos circadianos que no se hace a la misma velocidad en cada individuo.

Después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan al menos de 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales. El último de los desórdenes es la falta de sueño, a menudo debida al viaje en sí y a las actividades practicadas por el viajero.

Se ha demostrado experimentalmente que la adaptación es más fácil cuando se realiza un desplazamiento al oeste -extensión del día de algunas horas- que hacia el este -reducción de la jornada con algunas horas menos-. La adaptación también se hace en función del número de husos atravesados. Los tiempos de reajuste son aproximadamente de hora y media por día en un vuelo hacia el oeste y de una hora para un vuelo hacia el este. Esto es debido a que el reloj biológico tiene un ritmo endógeno de 25 horas y acepta con más facilidad reajustarse a un período que sea superior a 24 horas que a un periodo inferior.

Por otra parte, la adaptación es más fácil en una persona joven y extrovertida que viaja de noche y necesita pocas horas de sueño, que en una persona mayor e introvertida que viaja por la mañana y necesita muchas horas de sueño.

Además, a los diversos trastornos originados por el 'jet lag' hay que añadir los del sueño y la vigilia. Estos trastornos suponen que la persona afectada tiene dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos con dificultades para volver a dormirse y despertares muy tempranos.

De esta situación se deriva una somnolencia diurna relacionada con la falta de sueño, y con la presencia de picos de hipovigilancia cronobiológicas, que son el resultado de la hora de vigilia en el país que se ha visitado.

Otra complicación son los trastornos de humor, que van desde una simple irritabilidad hasta malestares psíquicos. Además, la falta de sueño puede tener un efecto antidepresivo a corto o medio plazo, cosa que ocurre en los viajes transmediterráneos de corta duración, que asocian un alto ritmo de reuniones con la necesidad de trabajar por la noche en el lugar de descanso.

Pero las posibles disfunciones no acaban aquí. También se produce una reducción de las facultades del afectado, lo que está relacionado con la capacidad de aprendizaje y de memorización. Asimismo, hay que tener en cuenta que el jet lag acarrea una reducción de las marcas deportivas, en particular en el caso de los atletas de alto nivel que se trasladan a competiciones internacionales, en los que se produce una reducción de la fuerza muscular y de la velocidad. No obstante, hay que recalcar que las funciones cardiovasculares no se ven modificadas.

Además, no hay que olvidar que las personas que padecen alguna dolencia crónica, como enfermedades cardiacas o trastornos de humor, o las que precisan un tratamiento continuo, como es el caso de los diabéticos, requieren una atención particular cuando se embarcan en viajes que suponen una diferencia de horario importante.

Por el contrario, no se puede decir que el jet lag sea responsable de patologías cardiovasculares. Los pocos estudios que tratan de esclarecer esta relación no tienen en cuenta los factores de alimentación u otros, como el tabaco, que intervienen en dichas patologías.

Pero como no existe mal (o casi ningún mal) que no tenga remedio, el jet lag es un problema que puede tratarse. En primer lugar habrá que acudir a remedios naturales (ver cuadro), como una mayor exposición a la luz solar o la adopción temprana o incluso previa de los horarios del destino, tanto para las comidas como para las horas de sueño, evitando además las siestas a deshora. Una mala tolerancia a la diferencia horaria puede justificar que la persona que la padece tome fármacos para paliar el problema. A corto plazo pueden solucionarse las dificultades para llevar a cabo las tareas rutinarias y, a largo plazo, el cansancio crónico ligado a la diferencia horaria continuada.

En estos casos se puede aconsejar un hipnótico de nueva generación, como el zoldipem o la zopiclona, aunque siempre hay que respetar escrupulosamente una serie de condiciones. En primer lugar, durante los tres días siguientes a la llegada se debe tomar una dosis mínima (de medio a un comprimido). El fármaco ha de ingerirse en el momento de acostarse y en ningún caso media hora o una hora antes. Por último, es muy importante recordar que hay que evitar tomar los hipnóticos en el avión, porque con ello se vulnerarían las normas de seguridad que se establecen en esta clase de vuelos largos.