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Fármacos al volante

Entre los fármacos asociados a accidentes de tráfico están los hipnóticos, ansiolíticos, neurolépticos y antidepresivos.
Controlar las enfermedades reduce el riesgo al volante pero algunos fármacos requieren precaución.

Los accidentes de tráfico son una de las principales causas de mortalidad y discapacidad entre la población juvenil. Aunque las distracciones y la alta velocidad causan la mayor parte de los siniestros, conocer el papel de algunos fármacos empleados para tratar ciertas enfermedades puede ser una clave importante en la prevención de estos incidentes.

“La mayor parte de los accidentes tienen su origen en las conductas temerarias, pero también hay un alto porcentaje causado por enfermedades o hábitos nocivos, como el alcoholismo o el consumo de drogas" ha indicado el doctor Emilio Blanco, coordinador del ‘Programa sobre Accidentes de Tráfico: Prevención y Asistencia’, desarrollado por la Sociedad Española de Medicina Rural y Generalista (Semergen).

De ahí que el trabajo realizado por los centros de reconocimiento de conductores deba ser apoyado por el médico de atención primaria, que “tiene un papel esencial en la prevención de las conductas de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol, al detectar y captar a los bebedores habituales. También es un agente importante en la educación sanitaria de la población juvenil”.

Pero la labor en la consulta también se extiende a la prevención de incidentes derivados de ciertas enfermedades y de los fármacos empleados para tratarlas. “Algunos pacientes desconocen que la medicación que toman puede alterar su capacidad de conducir y a veces los prospectos no son muy claros. Siempre deben informar de que causan somnolencia o alteran la capacidad psicomotriz del paciente”.

Entre los fármacos que pueden mermar la habilidad del conductor se encuentran los hipnóticos, ansiolíticos, neurolépticos, antidepresivos, y algunos antihistamínicos y analgésicos. No obstante, los especialistas insisten en que el control adecuado de la enfermedad y los fármacos reducen los riesgos de accidente. También se ha estudiado la relación entre el riesgo de accidentes de tráfico y ciertas enfermedades.

Apnea del sueño

Al menos el 20 por ciento de los accidentes interurbanos se deben a una distracción del conductor generada por somnolencia, mala higiene del sueño o por el síndrome de apnea obstructiva del sueño, que se caracteriza por hipersomnia diurna, ronquidos y pausas de apnea. Después del alcohol es la segunda causa de siniestralidad en la carretera.

Diabetes

El riesgo de accidente en diabéticos está relacionado con la aparición de episodios de hipoglucemia y con la aparición de complicaciones propias de la enfermedad. Se estima que el 29 por ciento de los pacientes ha sufrido una hipoglucemia mientras conducía en el último año y el tres por ciento sufrió un accidente por esta causa. La retinopatía diabética, la cardiopatía isquémica y la neuropatía diabética son otras complicaciones que pueden influir en la conducción.

Epilepsia y trastornos convulsivos

La pérdida de conocimiento durante una crisis hace especialmente peligrosa la situación de estos enfermos. En España es necesario un periodo continuado de dos años sin crisis para conceder el permiso de conducir.

Visión

Los ojos reciben el 90 por ciento de la información procesada durante la conducción. La agudeza visual dinámica (capacidad del observador para la velocidad y el desplazamiento de un objeto en movimiento con respecto al sujeto) parece estar más relacionada con el riesgo de accidente de tráfico que la agudeza visual en condiciones estáticas. También influye en los accidentes de tráfico la reducción del campo visual binocular. En todo caso hay que prevenir y corregir los defectos de refracción y demás trastornos visuales.

Depresión y ansiedad

Los fármacos empleados en el tratamiento de estos trastornos pueden tener efectos sedantes. Se estima que los pacientes ansiedad sufren hasta un 50 por ciento más accidentes que los que no padecen estos trastornos.

Claves para una conducción segura

  • Evitar la conducción nocturna 
  • Descansar lo suficiente antes de realizar un viaje 
  • Evitar conducir durante periodos de tiempo prolongados sin interrupción
  • Mantener una buena higiene del sueño y un ritmo de descanso constante
  • Informarse sobre el efecto de los fármacos en la capacidad de conducción
  • Evitar conducir durante la primera semana de un nuevo tratamiento que puede afectar a la conducción o tras el incremento de la dosis